
La conciencia mítica está en todas partes como ya lo hemos tratado
Aunque se manifiestan de formas diversas conocer y comprender el significado. El descifrar el momento histórico en el que fue hecho y que motivos tenían en la sociedad para crear algo parecido y misterioso para poder controlar a las personas y el mundo que los rodea.
"¿La palabra mito no es un equívoco? La pregunta concierne al uso de la palabra, y por lo tanto, solo puede resolverse por medio de un decreto, en la medida en que logremos otorgar a este un contenido claro. Llamo mítica á toda experiencia que no solo trasciende la experiencia finita porque no; es su mera descripción (pues en este, aspecto sin duda alguna, cualquier hipótesis va más allá de la experiencia), sino también porque relativiza toda experiencia posible vinculándola, por medio del sentido, con realidades que por principio son inapropiadas para que su descripción verbal introduzca un vínculo lógico con la descripción verbal de la experiencia. En otras palabras: aquello respecto de lo cual las realidades empíricas participan de un orden mítico no puede ser una cualidad que explique algo de estas realidades y, menos aún, que derive de ellas; semejante cualidad sería también inoperante. No permitiría predecir nada ni ejercer influencia alguna".( La presencia del mito. LESZEK KOLAKOWSKI).
No obstante, parece vana la lucha para liberarse completamente de la “cosificación”, van a la caza del ideal de la total autoafirmación. Los filósofos que intentaron perfilar este ideal (Stirner, Nietzsche) pudieron hacerlo merced al encubrimiento de una circunstancia. Ese ideal supone una situación de permanente discontinuidad de la vida, que arranca del nacimiento e incluye cada uno de sus tramos, y que en cada momento parte de la posición de cero. Los actos de dación de sentido a cosas y hechos, los actos de la llamada posición de valores, surgirían, en cada caso de una espontaneidad no condicionada; así, se elevaría cada vez a la posición de un creador que engendra su propio mundo de la nada, como en la teología de “los mottekaleminos, que afirma que Dios reduce a la nada el cosmos y lo hace surgir de la nada, simultánea y continuamente, pues el tiempo del mundo tiene una estructura discontinua y atómica”. Al inicializar incondicionada que se le atribuyo en esta suposición rechaza por lo tanto la posibilidad de la pregunta: ¿por qué debe dar a las cosas precisamente en este sentido? O, ¿por qué he de poner precisamente estos valores? En efecto, la creación de la nada no puede admitir la pregunta acerca de sus fundamentos. Supongamos, sin embargo, que no quiera permanecer en la fraseología nebulosa de la “creación de valores” y siga reflexionando acerca de las consecuencias prácticas de aquella creencia en la total auto-posición de mí mismo. Si mi conducta debiera reducirse a la violación sistemática de los valores reconocidos corrientemente, erraría el blanco; no sería entonces espontaneidad, sino voluntario avenimiento a una dependencia negativa, total, respecto de aquella existencia corriente.
Por este sentido el arraigar en el mundo organizado el mito, tienden a autodefinirse en el sentido de lo más lógico tratando de desacreditar el mito por estos conceptos es imposible justificar el mito dentro de los límites de la sociedad contemporánea, no diciendo que no tenga valor para otros.
Aunque se manifiestan de formas diversas conocer y comprender el significado. El descifrar el momento histórico en el que fue hecho y que motivos tenían en la sociedad para crear algo parecido y misterioso para poder controlar a las personas y el mundo que los rodea.
"¿La palabra mito no es un equívoco? La pregunta concierne al uso de la palabra, y por lo tanto, solo puede resolverse por medio de un decreto, en la medida en que logremos otorgar a este un contenido claro. Llamo mítica á toda experiencia que no solo trasciende la experiencia finita porque no; es su mera descripción (pues en este, aspecto sin duda alguna, cualquier hipótesis va más allá de la experiencia), sino también porque relativiza toda experiencia posible vinculándola, por medio del sentido, con realidades que por principio son inapropiadas para que su descripción verbal introduzca un vínculo lógico con la descripción verbal de la experiencia. En otras palabras: aquello respecto de lo cual las realidades empíricas participan de un orden mítico no puede ser una cualidad que explique algo de estas realidades y, menos aún, que derive de ellas; semejante cualidad sería también inoperante. No permitiría predecir nada ni ejercer influencia alguna".( La presencia del mito. LESZEK KOLAKOWSKI).
No obstante, parece vana la lucha para liberarse completamente de la “cosificación”, van a la caza del ideal de la total autoafirmación. Los filósofos que intentaron perfilar este ideal (Stirner, Nietzsche) pudieron hacerlo merced al encubrimiento de una circunstancia. Ese ideal supone una situación de permanente discontinuidad de la vida, que arranca del nacimiento e incluye cada uno de sus tramos, y que en cada momento parte de la posición de cero. Los actos de dación de sentido a cosas y hechos, los actos de la llamada posición de valores, surgirían, en cada caso de una espontaneidad no condicionada; así, se elevaría cada vez a la posición de un creador que engendra su propio mundo de la nada, como en la teología de “los mottekaleminos, que afirma que Dios reduce a la nada el cosmos y lo hace surgir de la nada, simultánea y continuamente, pues el tiempo del mundo tiene una estructura discontinua y atómica”. Al inicializar incondicionada que se le atribuyo en esta suposición rechaza por lo tanto la posibilidad de la pregunta: ¿por qué debe dar a las cosas precisamente en este sentido? O, ¿por qué he de poner precisamente estos valores? En efecto, la creación de la nada no puede admitir la pregunta acerca de sus fundamentos. Supongamos, sin embargo, que no quiera permanecer en la fraseología nebulosa de la “creación de valores” y siga reflexionando acerca de las consecuencias prácticas de aquella creencia en la total auto-posición de mí mismo. Si mi conducta debiera reducirse a la violación sistemática de los valores reconocidos corrientemente, erraría el blanco; no sería entonces espontaneidad, sino voluntario avenimiento a una dependencia negativa, total, respecto de aquella existencia corriente.
Por este sentido el arraigar en el mundo organizado el mito, tienden a autodefinirse en el sentido de lo más lógico tratando de desacreditar el mito por estos conceptos es imposible justificar el mito dentro de los límites de la sociedad contemporánea, no diciendo que no tenga valor para otros.

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